1. Reality Bites: la ansiedad de los post 25

    esasviejas:

    He aquí por qué es la mejor película, para esta edad, al menos.

    1. Winona Ryder sale guapisisísima. Toda pequeña y flaquita, con su pelo cortito, labios rojos y lentes obscuros.

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    2. Retrata a la perfección lo delgada que es la línea entre “mejor amigo” y “posible amor de la vida”, y esa lucha interna típica en la que no quieres cagar una amistad, pero al mismo tiempo te mueres de ganas de buscar algo más.

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    3. Te hace ver que es normal que tus primeros trabajos, saliendo de la universidad, no sean los ideales y los que te imaginaste durante todos esos años de invertirle a tu futuro. Es normal, estás hasta abajo de la cadena alimenticia. Sólo te permitieron tener muchas expectativas cuando ibas en la universidad.

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    4. Hay gente como Troy, a quienes no les interesa “la trascendencia” y no tienen ideales típicos y en tu opinión, “razonables”. No quieren ser los abogados más cabrones y no les importa si no les alcanza para comprar una casa antes de que cumplan 35. Y está bien. Cada quien vive la vida como quiera y no tenemos que creer que todos salimos del mismo molde.

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    5.  El tema de la homosexualidad y del SIDA era enorme en los 90.

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  2. Tengo razones para amar las carreteras. 

    Roadtrip con Grace Zavala a Morelia, Mich. 

    Mx. 2011

     
  3. hay árboles de cabellera larga. 

    Cholula, Puebla.

    Mx. 2012 

     
  4. Te estaba acariciando los ojos.

     

  5. Fórmulas para sobrevivir.

    Para sobrevivir, es necesario tomar algunas medidas de precaución. Mi medidas son, por ejemplo, llamarle a una amiga, o a un amigo. Ordenar las cosas que no uso. Fumar el cigarro que ya no fumaba. Leer poesía. Mexicana o india. O inglesa. Hacer masala chai; hervirlo; dejarlo reposar un poco. Beberlo y escribir cartas a nadie. Un diario que nadie nunca va a leer. 

    Pensar.

    Sobrevivir a la locura con la que me forjé, porque soy loca para todo. Soy loca para fumar, soy loca si me ponen un mezcal. Soy loca si me enamoro. Y soy más loca si me empiezo a enamorar sin tener certeza de nada más que de una emoción que yo no quiero. Porque soy loca para pensar también, y tengo que hacer uso de la fuerza pública de la República Federal Democrática In Dependiente de Fernanda para conservar la cordura a la que de vez en cuando aspiro, y a la que de vez en cuando me someto y la que cada vez que puede huye de mi cuerpo, y de mi mente, y de mi estómago, y de mi fémur, porque sabe que aquí no hay lugar para ella. 

    Me gusta ser más loca. Sentir. Soy intensa. Mi papá una vez me dijo: qué rico es hacer las cosas como uno quiere. Pero me lo dijo después de que sus ánimos y emociones se desbordaron, como si Ingrid y Manuel hubieran llegado a sus brazos, a su cuerpo, a su ser-él, y lo huracanaron. Aún bien, sus amigos lo ayudaron. Porque la locura y las emociones huracán no son aceptadas, ni bienvenidas en esta sociedad. Y es normal. Pero tiene razón mi papá: qué rico es hacer las cosas como uno quiere, y qué rico sería poder hacerlas siempre. Pero solo se puede a veces: cuando, por ejemplo, se hace el amor con alguien que también lo hace; o cuando se besa a alguien con la intensidad del Polo donde salen todos los vientos al mundo, o como cuando se rompen cosas, o las olas, o como cuando se llora y el corazón se sale por un lugar sin nombre que duele más que una muela explotada. Y lo digo con experiencia, porque me ha dolido el corazón con una intensidad incomparable a la que me ha dolido una muela que casi me hace aventarme a las vías del metro de París. El corazón, sin embargo, cuando me ha dolido,  me tira, me deshace las ganas de todo, no hay medicina ni tren ni muerte que cure la muerte dentro de un corazón, o del mío, cuando está triste por amor, o de un alma, o una parte iluminada que te apagan. 

    El 2013 ya anunciaba cosas. Trece, es el número que uno no quiere leer en viernes. Como el pasado viernes 13 septiembre. Ese día empezaron las lluvias aquí, creo que ese mismo día Ingrid y Manuel hicieron el amor en alguna parte de la atmósfera y trajeron tragedia a cientos de familias mexicanas. Trece ya es un número que anuncia cosas. Y el dos mil trece me ha roto y reconstruido el corazón, y el ego, y el camino, y la esperanza. 

    En fin. Que para salvarse de las cosas a las que uno mismo se somete, son necesarias ciertas medidas infalibles contra lo siguiente: 

    • contra la soledad. 
    • contra la soltería. 
    • contra las frustraciones (las leves).
    • contra la angustia. 
    • contra la ansiedad. 
    • contra los vicios. 
    • contra las ganas de _____. (porque todos tenemos ganas de algo que no deberíamos,  según quién sea: uno mismo, o los padres, o los amigos, o la iglesia, o el gobierno, o el buencomportamiento). 
    • contra la levedad. 

    Ésa que dijo él que es insoportable, ya saben quién. Hay cosas insoportables como despertar y querer dar un beso, y no tener a nadie. Sólo el silencio, o el ruido de las cosas, como los coches pasando, o el aire, o el propio movimiento del cuerpo sobre la cama, bajo las sábanas. O como el tiempo, o como cuando se refieren a uno mismo como uno mismo no quiere ser referido, como a mi: nenita / preciosa / guapi / hermosa / mi amor / Marifer, eso, cuando sale de voces y de bocas que uno no aprecia, es insoportable, como el tiempo mismo en que lo nombran. Ojalá pudiera ser que ese instante diminuto en que lo nombran, el sonido tuviera la velocidad de la luz y entonces pasara más rápido, más pronto, más imperceptible, más sordo, más o menos soportable. 

    Poder seguir. Y que las posibilidades que mueren se extingan de la memoria, de  la consciente, y de las memorias que abarcan nuestras diferentes personalidades. Y no es que tenga muchas, sólo hay personas sentadas en el auditorio de mi mente, ya lo dije un día. La mayoría hacen un círculo, aunque otras están dispersas. Ojalá, a veces, su memoria se extinguiera, porque tal vez así el cigarro no me sabría delicioso, o tal vez no querría un beso de nadie, o tal vez no querría sentir más, o saber más, o no querría sencillamente nada. Sería la perfecta budista. 

    Pero eso no pasa, y mientras no pase, hay que buscar medidas precisas para sobrevivir al mar de todo, que llega y que se va, y que luego, a veces, regresa con más intensidad. Así que si alguien lee, si alguien me lee, me dice por favor sus medidas de precaución, por favor, que en este tiempo me hace falta un botiquín de esas. Un botiquín de pesas. Un boquitin de presas. Compresas, calientes, para mis emociones alborotadas que andan teniendo una fiesta desbordada aquí adentro, donde no las puedo ver. 

    Tal vez mi problema es eso, que sobre-vivo, tal vez debería normal-vivir (sentir todo con moderación).